Difícil camino el del laberinto. Más difícil aún si es tridimensional.

¿y si el laberinto fuera virtual?, ¿dónde queda lo real? ¿en que queda convertido?

Puertas que se abren y conducen a lugares insospechados. Carta de navegación que se va comprendiendo al realizar el viaje, nunca antes de iniciarlo. Duda permanente sobre el diseño y la construcción de un espacio enloquecedor que no termina de definir si es confuso con intencionalidad -como representación del absurdo de la existencia- o por otras inconfesas razones.

Enloquecedor porque somos capaces de tolerar un mundo desquiciado que nos hace aspirar, desear y buscar seguridades y certezas cuando lo que nos espera son sólo incertidumbres, y no somos capaces -nos enloquece- ser testigos de la expresión imaginativa.

 

En este lado y delante nuestro,... sólo lo impredecible repetido fractalmente hasta el infinito,... lo inconducente,... y en la esencial construcción del sentido... el estancamiento, la parálisis.


Del otro lado, arte refugiado en salas que no existen. Creación subterránea de nuevos sentidos por una humanidad exiliada en un territorio virtual pensando lo impensable.


Por mi parte,... sólo frases sueltas, probablemente carentes de sentido ante la presencia de la capacidad creadora (esencialmente femenina), de la mujer parturienta que en laberínticos caminos nos hace confundir que cosa es dirección y que cosa es sentido y en un parto invertido nos introduce dentro de su vientre para llevarnos a la luz,... y así da (a) luz.

Alejandro Vilardebó

  Médico-Psiquiatra. Barcelona. 2005