|
Magnolia
Pensé la vida como una canción. Anoche vi Magnolia
¡qué película! La multiplicidad hecha canción:
Nada para, hasta que te avives. Todas las historias se conectan
por una sola canción, momento de detención, de lentitud
de los personajes; otro plano de expresión. Lo que los
unía es el momento en el que todos saben poco o nada unos
de los otros. La libertad del azar o de lo inconcebible como que
lluevan sapos, pero puede pasar y esta pasando. El deseo corriendo
por cada nervio de los personajes, de hacer lo inconcebible "pero
esto aún está pasando". La huída de
los personajes del territorio que los ampara para adentrarse en
otros nuevos. Nuevas estepas o valles, ríos y lo demás.
Salirse de las marcas, registros, objetos, intereses al plano
de la estética, de la vieja estética: la de los
sentidos. El sentir, el vibrar de cada cuerpo al son del deseo,
al sin sentido. Las intensidades, detenimientos de los afectos,
de las máquinas, de los cuerpos. El director crea una máquina
de imposibilidad: que lluevan sapos. No importa el azar o si es
azaroso lo que acontece, lo que importa es la existencia pero
a veces pasa. Introduce un nuevo registro, ahora llueve así.
Julián Cabral
|