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Stella Maris Angel Villegas
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Máquinas deseantes

Fragmentos de la clase de Gilles Deleuze
Vincennes. 18/01/72

 

 

I

Richard Pinhas: Quisiera intervenir sobre un punto, sin que esto implique contradicción: haz hablado todo el tiempo de dos grandes ejes interrogativos que son: el primero "código y axiomática" y el segundo, la manera en que el deseo inviste el campo social, y planteas la pregunta: ¿cómo? Me pregunto ¿Por qué no has ido más lejos en el sentido de esta pregunta, de plantear por qué? Intento aportar un elemento en ese sentido en el proceso del fascismo -es un elemento tomado al azar-, hay una relación que permite ver porque hay una especie de mutación en la relación deseo-campo social: el hecho de que el objeto desaparece completamente: la relación con el objeto es cortada, disuelta en el aire. Esto lo ilustran muy bien ciertas películas surrealistas de 1940-50 donde se ve la caida de las monedas, la inflación, por ejemplo. Y tenemos un elemento, es decir que hace que el objeto del deseo desaparezca completamente: hay una especie de esencia que va a dar lugar, que va a dejar aparecer el fascismo tal como lo conocemos. Supongo que hay un periodo determinado de mutación, un poco como el mismo proceso, diferente pero similar.

Deleuze: Tu partes de la necesidad de plantear la pregunta "¿Por qué?". Comprendo lo que dices a continuación, pero no muy bien la necesidad de esta pregunta y el que la plantees enseguida de lo que haz dicho. Creo que no hay lugar para plantear la pregunta "¿por qué?" pues todo este sistema de máquina, está dado por un funcionalismo. Si planteas la pregunta "¿por qué?" nos encontraremos con todas las categorías del significante, es una pregunta pérfida. Creo que hay una región, en la región de las máquinas que se puede llamar las máquinas de deseo o las máquinas deseantes, hay funcionalismo, es decir la única pregunta es: ¿cómo funciona eso? Cómo y no por qué. Entonces, ahí, ciertos enólogos siguen estando en estrecha relación con los fenómenos del deseo en el campo social, cuando se interrogan: ¿justamente a quien sirve el psicoanálisis? ¿nos sirve en nuestra tarea de etnólogos? Y responden si y no, porque a nosotros, como etnólogos, lo que nos interesa ante todo es, no lo que quiere decir de cualquier manera que se plantee la pregunta, sino verdaderamente: ¿cómo funciona eso en el campo social? Entonces, sobre el asunto llegan argumentos que conocemos muy bien, a saber: nunca la función o nunca el uso de algo explica la producción de esa cosa, por ejemplo la manera en que funciona un organismo no puede explicar el modo de producción del organismo o nunca el funcionamiento de una institución puede explicar la formación de la institución misma. Creo que este argumento antifuncionalista es verdadero pero al nivel de los grandes conjuntos, de los conjuntos molares; allí, en efecto, el uso siempre es segundo con relación a la formación. Pero si se intenta pensar el inconsciente en términos de máquinas, en términos de fabricas, en términos de unidades de producción, en términos de máquinas deseantes, creo que ya no son grandes máquinas, son micro-máquinas: el inconsciente maquínico, el inconsciente de las máquinas deseantes, es esencialmente un micro-inconsciente, un inconsciente micro-lógico, micro-físico, o si lo prefieres un inconsciente molecular. Ahora bien, a éste nivel, es decir el de las formaciones moleculares, contrariamente al nivel de los conjuntos molares, literalmente, no hay diferencia posible entre la formación y el funcionamiento. Si digo como funciona, no puedo decir nada más. La cuestión del esquizo-análisis no es del todo -entiendo muy bien que la pregunta ¿qué quiere decir eso?, es muy compleja, porque hay un cierto estadio en que la pregunta ¿qué quiere decir eso? Puede remitir a un simple significado o como se dice, en el fondo, toda la pregunta sería saber cuando se habla del significante, ¿és todavía la pregunta ¿qué quiere decir eso? O es otro tipo de pregunta? Creo que es la misma pregunta (es la misma pregunta "¿qué quiere decir eso?", simplemente circunscrita, pero todavía es del dominio "¿qué quiere decir eso?", mientras que las máquinas deseantes, literalmente, no quieren decir nada, ni en términos de significado, ni en términos de significante); ahora bien el problema del esquizo-análisis es: ¿qué son tus máquinas en ti? Y eso no es fácil de encontrar: para alguien que llega, ¿que son sus máquinas deseantes en él? No basta con constatar que le gusta hacer de auto, que tiene un frigorífico, todas esas son relaciones con las máquinas deseantes pero no son las máquinas deseantes. De otra parte, las máquinas deseantes no son fantasmas, no son objetos imaginarios que doblan a aquellos, no es el auto soñado que dobla el auto real y... Las máquinas deseantes son formaciones moleculares que existen objetivamente en las grandes máquinas técnicas y en las grandes máquinas sociales, por eso es necesario hacer, me parece, la crítica de todo lo que es sueño, fantasma, ya que el inconsciente no es un teatro, el inconsciente no sueña, el inconsciente no hace fantasma: todo esto son productos secundarios de la reflexión, son las territorialidades de Edipo, el sueño siempre es edípico: si los analistas permanecen siempre en el sueño, forzoso es que encuentren a edipo.

En Bergson hay una bellas páginas donde dice: no es asombroso que la materia y la inteligencia se entiendan y que la materia y la inteligencia estén talladas la una sobre la otra puesto que las dos son productos de una diferenciación en un mismo movimiento, y bien, el sueño y edipo son lo mismo: que todos los sueños sean, por naturaleza, edipianos, no hay que inquietarse porque es el mismo movimiento que constituye el sueño y que constituye a edipo.

Pero las máquinas deseantes nada tienen que ver con eso, entonces, lo que sería complicado -supongo-, en un esquizo-análisis sería encontrar las máquinas deseantes de alguien: ¿qué son las cosas en ti?: entonces, si no se responde en términos de máquinas o si no se llegan a encontrar los elementos maquínicos... evidentemente, eso plantea un problema: ¿cuál es el criterio? Que nos permite decir: al fin hemos encontrado las máquinas deseantes de alguien: creo que hay criterios muy rigurosos y que precisamente tienden a esto: las máquinas deseantes, son formaciones moleculares, nunca conjuntos molares -pero tengo la impresión de que no respondo a tu asunto- quiero decir: al nivel molecular y únicamente a este nivel, el funcionalismo es rey, y eso, porque el funcionamiento, la producción, la formación, forman estrictamente uno: una máquina deseante se define únicamente por su funcionamiento, es decir por su formación, es decir por su producción. A primera vista, yo diría que cualquier pregunta "¿por qué?" ya no se plantea.

Richard: Creo que he planteado mal mi pregunta. No pretendía poner en cuestión el hecho de ese funcionamiento ni reintroducir categorías lingüístico-psicoanalíticas, etc. Quisiera preguntarte siguiendo la cuestión del cómo, hay procesos de los que he intentado dar una descripción que considero justa, la del fascismo: ¿porqué funciona? ¿cómo y porque funciona de otra manera?, si tu quieres. Funciona de una manera en un momento y de otra, pero en el mismo momento, en un país diferente, por ejemplo. Pienso que, planteada en esos términos, más allá de la pregunta ¿cómo?, es decir antes, se puede plantear la pregunta ¿por qué?

Deleuze: Si, si,si,si, si. Entonces es un ¿por qué? Muy especial, es un "¿por qué?" que se hace sobre la naturaleza del campo social que esta investido por el deseo y las máquinas deseantes: a saber de donde vienen las características del campo social en tal momento, en tales circunstancias.

Allí también es muy complicado: habría que mantener algo así como dos principios prácticos al mismo tiempo: que las máquinas deseantes, están a lo largo de líneas moleculares, eso es lo que quisiera llamar línea de fuga; no basta con tocar las líneas de resistencia en el inconsciente; lo esencial, en el inconsciente, es que huye: desposa líneas de fuga. Ahora bien, Edipo, los fantasmas, el sueño, todo eso, lejos de ser verdaderas producciones o formaciones del inconsciente, son los torniquetes, son los taponamientos de las líneas de fuga del inconsciente. por eso es necesario hacer saltar todo eso para encontrar las líneas de fuga, que nos precipitan, entonces, en una especie de inconsciente molecular de las máquinas deseantes. Son las formaciones moleculares, las micro-formaciones, por eso es un inconsciente no figurativo, no simbólico: ni figurativo, ni simbólico, es lo que Lacan llama lo real, pero lo real devenido no solo posible, sino lo real que funciona.

Entonces hay que sostener a la vez que hay como dos polos: un polo que sería algo así como -esto es complicado, afortunadamente a un nivel se distinguen dos polos: uno sería los investimentos de los conjuntos molares, los invetimentos preconcientes de los conjuntos molares, serían los investimentos del campo social y todo lo que responde a eso, comprendidos los investimentos familiares, la familia es un conjunto molar entre otros, más bien es un subconjunto molar.

Y después, en el otro polo, habrían líneas de fuga moleculares, exactamente como se distinguirían una macro-física y una micro-física. Entonces el esquizo-análisis, trabajaría verdaderamente a nivel de las unidades de producción del micro-inconsciente, de las pequeñas formaciones moleculares -hay que decir esto como primer principio, pero al mismo tiempo-, entonces sería necesario distinguir todavía una vez más, los investimentos de conjuntos molares y los investimentos inconscientes de formaciones moleculares, máquinas deseantes; del otro lado las máquinas sociales y técnicas: esa sería la definición de una primera actividad práctica del esquizo-análisis: nada ha comenzado hasta que no se alcanzan las máquinas deseantes del inconsciente de alguien, es decir sus formaciones y funcionamientos moleculares: si no se alcanzan, no se ha hecho nada, permanecemos en los grandes conjuntos, edipo, familia, etc. Para mi, el significante es un signo fundamentalmente molar, un signo que estructura los grandes conjuntos molares, que no tienen nada que ver con las máquinas deseantes. Entonces, sería la primera tarea práctica del esquizo-análisis: alcanzar las líneas de fuga del inconsciente, a partir de ahí, el inconsciente no se expresa más, no atrae, huye y forma y hace funcionar sus máquinas deseantes según sus líneas de fuga. Como dice Platón, para amotinar a todos los filósofos de la idea: en la proximidad de su contrario, ella huye o perece; el inconsciente es así, o bien perece bajo edipo, o bien huye según sus líneas de fuga.

Pero, a un segundo nivel, y que no destruye el primero, habría que decir algo que, aparentemente, es lo opuesto: todo investimento, sea de la naturaleza que sea, es forzosamente investimento de los grandes conjuntos, y todo investimento es investimento de los grandes conjuntos por las formaciones moleculares identificables como máquinas deseantes. Las máquinas deseantes, de todas maneras, sus piezas y sus engranajes, invisten los grandes conjuntos molares.
La segunda tarea del esquizo-análisis, sería descubrir en alguien, a nivel del inconsciente, la naturaleza de esos investimentos sociales. Y digo, los dos no son contradictorios, en un caso, se dice: hay dos polos, los grandes conjuntos definidos por las máquinas sociales y técnicas y el otro polo definido por las líneas de fuga moleculares y las máquinas deseantes; al segundo nivel se dice: todo investimento es molar y social, solo los investimentos sociales tienen dos polos: un polo paranoico, que también se puede llamar de investimento reaccionario fascista, y que consiste en subordinar las máquinas deseantes a los grandes aparatos represivos, a los grandes aparatos de estado y al aparato familiar. Habría que invertir el esquema de vulgarización psicoanalítico: lo primero es la paranoia, lo segundo la neurosis edipiana, lo tercero Narciso. Edipo primero es una idea de paranoico, en segundo lugar un sentimiento de neurosis, a saber la neurosis es el tipo que necesita tener algo que ver, tener algo que ver con el gran paranoico, y es una idea de padre, y no una idea del padre respecto a su hijo, el paranoico es un tipo que comienza a alucinar el campo social operando una subordinación sádica de todas las máquinas deseantes a los aparatos represivos del campo social.

De todas maneras, las máquinas deseantes están en las máquinas reales, no se les parecen. Por eso es tan tonta la noción de sueño, todo eso... no se trata de decir ¡ah, si, uh, uh!, no se trata de hacer del psicoanálisis una especie de gadget, de estudio de mercado donde se dice cual es el auto soñado detrás del auto real, no se trata de eso. Las máquinas deseantes existen objetivamente, existen en los engranajes y piezas de las máquinas sociales y de las máquinas técnicas, simplemente no son extraibles a nivel macroscópico, por eso es necesario un análisis microscópico para liberar las máquinas deseantes de alguien. El paranoico no es alguien que se ocupe de su hijo, el primer paranoico, es el padre de Schreber. Vemos como funciona la paranoia, y en este aspecto, hasta que punto los psiquiatras tienen una concepción reaccionaria de la paranoia pues si no relacionaran la paranoia con los acontecimientos familiares, estarían obligados a decir la verdad, a saber que la paranoia, precisamente como determinación sin ninguna relación con las relaciones familiares, es por naturaleza el investimento reaccionario fascista del campo social. El paranoico no delira sobre su mujer o su hijo, delira sobre las razas, sobre la educación, sobre la cultura; el esquizo también, pero de otra manera. El nudo del delirio paranoico es: hagamos una raza pura, tiene la impresión de que todo está en decadencia, ya no hay arios puros, y solo en segundo lugar, cuando ve a su pequeño, y el aplica -edipo es siempre una operación de aplicación, de abatimiento-, se muestra como el gran pedagogo, el gran restaurador de las razas. El padre de Schreber, comienza en otra dimensión: la deriva del campo social, este mundo está perdido, rehagamos la raza pura, y ¿con quién? con las máquinas.

El paranoico primero delira el campo social. Digo que el paranoico debe ser definido en términos absolutamente no edipianos, debe ser definido por un cierto tipo de investimento del campo social. Ese tipo de investimento del campo social es un investimento que subordina completamente el sistema de las máquinas deseantes, es decir las formaciones moleculares, a los grandes conjuntos molares. Después, por aplicación a su familia, como sub-conjunto molar privilegiado, aplica su reforma, su raza pura y produce un muchacho edipizado; entonces es el resultado del investimento paranoico primero, y en ese sentido edipo es el sentimiento del hijo neurótico que sucede a la gran idea del padre paranoico, pero la gran idea no es edípica: consiste en investir todo el campo social.

La segunda idea es: todo es investimento social, solo hay dos polos: el polo paranoico que opera la gran subordinación de las máquinas deseantes a los aparatos de los grandes conjuntos y el polo esquizo, la fuga esquizofrénica o las líneas de fuga moleculares, o las máquinas deseantes, es lo mismo, y también están profundamente conectadas sobre el campo social como las grandes integraciones paranoicas; no es más delirante, simplemente es otro delirio, son como dos polos del delirio (oscilaciones constantes) y el polo esquizofrénico del delirio es el que opera la subordinación inversa: subordinación de los grandes conjuntos molares a las formaciones moleculares. Por eso no solo hay líneas de fuga que consisten en hacer algo, sino líneas que consisten en hacer huir algo (...)

 

II


Los códigos, el capitalismo, los flujos, descodificación de los flujos, capitalismo y esquizofrenia, el psicoanálisis
¿Qué pasa sobre el cuerpo…? (…)
El problema del esquizo-análisis: en lugar de tener como referente a la familia, tiene como referente los movimientos de desterritorialización, de reterritorialización (…)

Curso de Vincennes - 16/11/1971

 

 


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