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I
Richard Pinhas:
Quisiera intervenir sobre un punto, sin que esto implique contradicción:
haz hablado todo el tiempo de dos grandes ejes interrogativos
que son: el primero "código y axiomática"
y el segundo, la manera en que el deseo inviste el campo social,
y planteas la pregunta: ¿cómo? Me pregunto ¿Por
qué no has ido más lejos en el sentido de esta pregunta,
de plantear por qué? Intento aportar un elemento en ese
sentido en el proceso del fascismo -es un elemento tomado al azar-,
hay una relación que permite ver porque hay una especie
de mutación en la relación deseo-campo social: el
hecho de que el objeto desaparece completamente: la relación
con el objeto es cortada, disuelta en el aire. Esto lo ilustran
muy bien ciertas películas surrealistas de 1940-50 donde
se ve la caida de las monedas, la inflación, por ejemplo.
Y tenemos un elemento, es decir que hace que el objeto del deseo
desaparezca completamente: hay una especie de esencia que va a
dar lugar, que va a dejar aparecer el fascismo tal como lo conocemos.
Supongo que hay un periodo determinado de mutación, un
poco como el mismo proceso, diferente pero similar.
Deleuze:
Tu partes de la necesidad de plantear la pregunta "¿Por
qué?". Comprendo lo que dices a continuación,
pero no muy bien la necesidad de esta pregunta y el que la plantees
enseguida de lo que haz dicho. Creo que no hay lugar para plantear
la pregunta "¿por qué?" pues todo este
sistema de máquina, está dado por un funcionalismo.
Si planteas la pregunta "¿por qué?" nos
encontraremos con todas las categorías del significante,
es una pregunta pérfida. Creo que hay una región,
en la región de las máquinas que se puede llamar
las máquinas de deseo o las máquinas deseantes,
hay funcionalismo, es decir la única pregunta es: ¿cómo
funciona eso? Cómo y no por qué. Entonces, ahí,
ciertos enólogos siguen estando en estrecha relación
con los fenómenos del deseo en el campo social, cuando
se interrogan: ¿justamente a quien sirve el psicoanálisis?
¿nos sirve en nuestra tarea de etnólogos? Y responden
si y no, porque a nosotros, como etnólogos, lo que nos
interesa ante todo es, no lo que quiere decir de cualquier manera
que se plantee la pregunta, sino verdaderamente: ¿cómo
funciona eso en el campo social? Entonces, sobre el asunto llegan
argumentos que conocemos muy bien, a saber: nunca la función
o nunca el uso de algo explica la producción de esa cosa,
por ejemplo la manera en que funciona un organismo no puede explicar
el modo de producción del organismo o nunca el funcionamiento
de una institución puede explicar la formación de
la institución misma. Creo que este argumento antifuncionalista
es verdadero pero al nivel de los grandes conjuntos, de los conjuntos
molares; allí, en efecto, el uso siempre es segundo con
relación a la formación. Pero si se intenta pensar
el inconsciente en términos de máquinas, en términos
de fabricas, en términos de unidades de producción,
en términos de máquinas deseantes, creo que ya no
son grandes máquinas, son micro-máquinas: el inconsciente
maquínico, el inconsciente de las máquinas deseantes,
es esencialmente un micro-inconsciente, un inconsciente micro-lógico,
micro-físico, o si lo prefieres un inconsciente molecular.
Ahora bien, a éste nivel, es decir el de las formaciones
moleculares, contrariamente al nivel de los conjuntos molares,
literalmente, no hay diferencia posible entre la formación
y el funcionamiento. Si digo como funciona, no puedo decir nada
más. La cuestión del esquizo-análisis no
es del todo -entiendo muy bien que la pregunta ¿qué
quiere decir eso?, es muy compleja, porque hay un cierto estadio
en que la pregunta ¿qué quiere decir eso? Puede
remitir a un simple significado o como se dice, en el fondo, toda
la pregunta sería saber cuando se habla del significante,
¿és todavía la pregunta ¿qué
quiere decir eso? O es otro tipo de pregunta? Creo que es la misma
pregunta (es la misma pregunta "¿qué quiere
decir eso?", simplemente circunscrita, pero todavía
es del dominio "¿qué quiere decir eso?",
mientras que las máquinas deseantes, literalmente, no quieren
decir nada, ni en términos de significado, ni en términos
de significante); ahora bien el problema del esquizo-análisis
es: ¿qué son tus máquinas en ti? Y eso no
es fácil de encontrar: para alguien que llega, ¿que
son sus máquinas deseantes en él? No basta con constatar
que le gusta hacer de auto, que tiene un frigorífico, todas
esas son relaciones con las máquinas deseantes pero no
son las máquinas deseantes. De otra parte, las máquinas
deseantes no son fantasmas, no son objetos imaginarios que doblan
a aquellos, no es el auto soñado que dobla el auto real
y... Las máquinas deseantes son formaciones moleculares
que existen objetivamente en las grandes máquinas técnicas
y en las grandes máquinas sociales, por eso es necesario
hacer, me parece, la crítica de todo lo que es sueño,
fantasma, ya que el inconsciente no es un teatro, el inconsciente
no sueña, el inconsciente no hace fantasma: todo esto son
productos secundarios de la reflexión, son las territorialidades
de Edipo, el sueño siempre es edípico: si los analistas
permanecen siempre en el sueño, forzoso es que encuentren
a edipo.
En Bergson
hay una bellas páginas donde dice: no es asombroso que
la materia y la inteligencia se entiendan y que la materia y la
inteligencia estén talladas la una sobre la otra puesto
que las dos son productos de una diferenciación en un mismo
movimiento, y bien, el sueño y edipo son lo mismo: que
todos los sueños sean, por naturaleza, edipianos, no hay
que inquietarse porque es el mismo movimiento que constituye el
sueño y que constituye a edipo.
Pero las
máquinas deseantes nada tienen que ver con eso, entonces,
lo que sería complicado -supongo-, en un esquizo-análisis
sería encontrar las máquinas deseantes de alguien:
¿qué son las cosas en ti?: entonces, si no se responde
en términos de máquinas o si no se llegan a encontrar
los elementos maquínicos... evidentemente, eso plantea
un problema: ¿cuál es el criterio? Que nos permite
decir: al fin hemos encontrado las máquinas deseantes de
alguien: creo que hay criterios muy rigurosos y que precisamente
tienden a esto: las máquinas deseantes,
son formaciones moleculares, nunca conjuntos molares -pero
tengo la impresión de que no respondo a tu asunto- quiero
decir: al nivel molecular y únicamente a este nivel, el
funcionalismo es rey, y eso, porque el funcionamiento, la producción,
la formación, forman estrictamente uno: una máquina
deseante se define únicamente por su funcionamiento, es
decir por su formación, es decir por su producción.
A primera vista, yo diría que cualquier pregunta "¿por
qué?" ya no se plantea.
Richard:
Creo que he planteado mal mi pregunta. No pretendía poner
en cuestión el hecho de ese funcionamiento ni reintroducir
categorías lingüístico-psicoanalíticas,
etc. Quisiera preguntarte siguiendo la cuestión del cómo,
hay procesos de los que he intentado dar una descripción
que considero justa, la del fascismo: ¿porqué funciona?
¿cómo y porque funciona de otra manera?, si tu quieres.
Funciona de una manera en un momento y de otra, pero en el mismo
momento, en un país diferente, por ejemplo. Pienso que,
planteada en esos términos, más allá de la
pregunta ¿cómo?, es decir antes, se puede plantear
la pregunta ¿por qué?
Deleuze:
Si, si,si,si, si. Entonces es un ¿por qué? Muy especial,
es un "¿por qué?" que se hace sobre la
naturaleza del campo social que esta investido por el deseo y
las máquinas deseantes: a saber de donde vienen las características
del campo social en tal momento, en tales circunstancias.
Allí
también es muy complicado: habría que mantener algo
así como dos principios prácticos al mismo tiempo:
que las máquinas deseantes, están a lo largo de
líneas moleculares, eso es lo que quisiera llamar línea
de fuga; no basta con tocar las líneas de resistencia en
el inconsciente; lo esencial, en el inconsciente, es que huye:
desposa líneas de fuga. Ahora bien, Edipo, los fantasmas,
el sueño, todo eso, lejos de ser verdaderas producciones
o formaciones del inconsciente, son los torniquetes, son los taponamientos
de las líneas de fuga del inconsciente. por eso es necesario
hacer saltar todo eso para encontrar las
líneas de fuga, que nos precipitan, entonces, en una especie
de inconsciente molecular de las máquinas deseantes. Son
las formaciones moleculares, las micro-formaciones, por eso es
un inconsciente no figurativo, no simbólico: ni figurativo,
ni simbólico, es lo que Lacan llama lo real, pero lo real
devenido no solo posible, sino lo real que funciona.
Entonces
hay que sostener a la vez que hay como dos polos: un polo que
sería algo así como -esto es complicado, afortunadamente
a un nivel se distinguen dos polos: uno sería los investimentos
de los conjuntos molares, los invetimentos preconcientes de los
conjuntos molares, serían los investimentos del campo social
y todo lo que responde a eso, comprendidos los investimentos familiares,
la familia es un conjunto molar entre otros, más bien es
un subconjunto molar.
Y después,
en el otro polo, habrían líneas de fuga moleculares,
exactamente como se distinguirían una macro-física
y una micro-física. Entonces el esquizo-análisis,
trabajaría verdaderamente a nivel de las unidades de producción
del micro-inconsciente, de las pequeñas formaciones moleculares
-hay que decir esto como primer principio, pero al mismo tiempo-,
entonces sería necesario distinguir todavía una
vez más, los investimentos de conjuntos molares y los investimentos
inconscientes de formaciones moleculares, máquinas deseantes;
del otro lado las máquinas sociales y técnicas:
esa sería la definición de una primera actividad
práctica del esquizo-análisis: nada ha comenzado
hasta que no se alcanzan las máquinas deseantes del inconsciente
de alguien, es decir sus formaciones y funcionamientos moleculares:
si no se alcanzan, no se ha hecho nada, permanecemos en los grandes
conjuntos, edipo, familia, etc. Para mi, el significante es un
signo fundamentalmente molar, un signo que estructura los grandes
conjuntos molares, que no tienen nada que ver con las máquinas
deseantes. Entonces, sería la primera tarea práctica
del esquizo-análisis: alcanzar las líneas de fuga
del inconsciente, a partir de ahí, el inconsciente no se
expresa más, no atrae, huye y forma y hace funcionar sus
máquinas deseantes según sus líneas de fuga.
Como dice Platón, para amotinar a todos los filósofos
de la idea: en la proximidad de su contrario, ella huye o perece;
el inconsciente es así, o bien perece bajo edipo, o bien
huye según sus líneas de fuga.
Pero, a un
segundo nivel, y que no destruye el primero, habría que
decir algo que, aparentemente, es lo opuesto: todo investimento,
sea de la naturaleza que sea, es forzosamente investimento de
los grandes conjuntos, y todo investimento es investimento de
los grandes conjuntos por las formaciones moleculares identificables
como máquinas deseantes. Las máquinas deseantes,
de todas maneras, sus piezas y sus engranajes, invisten los grandes
conjuntos molares.
La segunda tarea del esquizo-análisis, sería descubrir
en alguien, a nivel del inconsciente, la naturaleza de esos investimentos
sociales. Y digo, los dos no son contradictorios, en un caso,
se dice: hay dos polos, los grandes conjuntos definidos por las
máquinas sociales y técnicas y el otro polo definido
por las líneas de fuga moleculares y las máquinas
deseantes; al segundo nivel se dice: todo investimento es molar
y social, solo los investimentos sociales tienen dos polos: un
polo paranoico, que también se puede llamar de investimento
reaccionario fascista, y que consiste en subordinar las máquinas
deseantes a los grandes aparatos represivos, a los grandes aparatos
de estado y al aparato familiar. Habría que invertir el
esquema de vulgarización psicoanalítico: lo primero
es la paranoia, lo segundo la neurosis edipiana, lo tercero Narciso.
Edipo primero es una idea de paranoico, en segundo lugar un sentimiento
de neurosis, a saber la neurosis es el tipo que necesita tener
algo que ver, tener algo que ver con el gran paranoico, y es una
idea de padre, y no una idea del padre respecto a su hijo, el
paranoico es un tipo que comienza a alucinar el campo social operando
una subordinación sádica de todas las máquinas
deseantes a los aparatos represivos del campo social.
De todas
maneras, las máquinas deseantes están en las máquinas
reales, no se les parecen. Por eso es tan tonta la noción
de sueño, todo eso... no se trata de decir ¡ah, si,
uh, uh!, no se trata de hacer del psicoanálisis una especie
de gadget, de estudio de mercado donde se dice cual es el auto
soñado detrás del auto real, no se trata de eso.
Las máquinas deseantes existen objetivamente, existen en
los engranajes y piezas de las máquinas sociales y de las
máquinas técnicas, simplemente no son extraibles
a nivel macroscópico, por eso es necesario un análisis
microscópico para liberar las máquinas deseantes
de alguien. El paranoico no es alguien que se ocupe de su hijo,
el primer paranoico, es el padre de Schreber. Vemos como funciona
la paranoia, y en este aspecto, hasta que punto los psiquiatras
tienen una concepción reaccionaria de la paranoia pues
si no relacionaran la paranoia con los acontecimientos familiares,
estarían obligados a decir la verdad, a saber que la paranoia,
precisamente como determinación sin ninguna relación
con las relaciones familiares, es por naturaleza el investimento
reaccionario fascista del campo social. El paranoico no delira
sobre su mujer o su hijo, delira sobre las razas, sobre la educación,
sobre la cultura; el esquizo también, pero de otra manera.
El nudo del delirio paranoico es: hagamos una raza pura, tiene
la impresión de que todo está en decadencia, ya
no hay arios puros, y solo en segundo lugar, cuando ve a su pequeño,
y el aplica -edipo es siempre una operación de aplicación,
de abatimiento-, se muestra como el gran pedagogo, el gran restaurador
de las razas. El padre de Schreber, comienza en otra dimensión:
la deriva del campo social, este mundo está perdido, rehagamos
la raza pura, y ¿con quién? con las máquinas.
El paranoico
primero delira el campo social. Digo que el paranoico debe ser
definido en términos absolutamente no edipianos, debe ser
definido por un cierto tipo de investimento del campo social.
Ese tipo de investimento del campo social es un investimento que
subordina completamente el sistema de las máquinas deseantes,
es decir las formaciones moleculares, a los grandes conjuntos
molares. Después, por aplicación a su familia, como
sub-conjunto molar privilegiado, aplica su reforma, su raza pura
y produce un muchacho edipizado; entonces es el resultado del
investimento paranoico primero, y en ese sentido edipo es el sentimiento
del hijo neurótico que sucede a la gran idea del padre
paranoico, pero la gran idea no es edípica: consiste en
investir todo el campo social.
La segunda
idea es: todo es investimento social, solo hay dos polos: el polo
paranoico que opera la gran subordinación de las máquinas
deseantes a los aparatos de los grandes conjuntos y el polo esquizo,
la fuga esquizofrénica o las líneas de fuga moleculares,
o las máquinas deseantes, es lo mismo, y también
están profundamente conectadas sobre el campo social como
las grandes integraciones paranoicas; no es más delirante,
simplemente es otro delirio, son como dos polos del delirio (oscilaciones
constantes) y el polo esquizofrénico del delirio es el
que opera la subordinación inversa: subordinación
de los grandes conjuntos molares a las formaciones moleculares.
Por eso no solo hay líneas de fuga que consisten en hacer
algo, sino líneas que consisten en hacer huir algo (...)
II
Los códigos, el capitalismo, los flujos,
descodificación de los flujos, capitalismo y esquizofrenia,
el psicoanálisis
¿Qué pasa sobre el cuerpo
? (
)
El problema del esquizo-análisis: en lugar de tener como
referente a la familia, tiene como referente los movimientos de
desterritorialización, de reterritorialización (
)
Curso
de Vincennes - 16/11/1971
www.webdeleuze.com
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