"objects in a mirror
are closer than they disappear. "
"...cuando inicias un camino del cual no puedes volver, eso
es impulse."
Villa Alemana, 19 de Mayo de 1991
Juan Luis Martínez: Yo sé muy bien quién es usted y
es
importante que usté esté aquí.
Félix Guattari: Gracias.
JLM: ¿La visita a Chile le ha dado una perspectiva
nueva
sobre el país, sobre la democracia? ¿Ve algún
cambio?
¿Esperaba ver algún cambio?
FG: Es muy pronto para contestar eso.
JLM: Personalmente, creo que no hay muchos
cambios.
FG: Durante años se dijo que esto no cambiaría, pero
la
realidad lo ha desmentido. Y el cambio va a ser cada vez
más
acelerado...
JLM: Usted tiene todavía muchas
esperanzas.
FG: Es una visión geopolítica global.
JLM: Creo que las cosas se van a acabar, lo que es
mucho
más importante.
FG: Desde luego, si las cosas siguen igual, la gente
en
Santiago va a morir ahogada, todo se va a
terminar.
JLM: Hay muchas maneras de terminar, no sólo esa.
La
cultura es lo está quedando casi fuera, occidente mismo
con
sus institucionalidades. Yo he trabajo estos últimos
quince
años en un libro que es muy intenso, de ahí que me
interese
mucho su perspectiva sobre el discurso de lo político y
lo
siquiátrico. Pretendo que sea un libro intolerable. AsI que,
si
no me encierran, será pura casualidad.
FG: Soy amigo de Matta desde hace tiempo. ¿Lo
conoce
personalmente?
JLM: He tenido la intención desde hace muchos años
de
enviarle mi libro y no lo he hecho nunca porque
creo
que Matta no lee.
FG: Efectivamente, no lee.
JLM: ¿Cuáles son los poetas que le
interesan
actualmente en el mundo?
FG: Ginsberg.
JLM: Ginsberg es un poeta de poemas
individuales,
de buenos poemas separados, que no funciona con
un
lenguaje como totalidad, lo que no me parece
compatible con su perspectiva. Me sorprende que
le
guste ¿Qué me contesta a eso?
FG: El problema no se plantea para mí en
términos
literarios. Lo conozco muy bien personalmente y
para
mí hay una relación que es muchas veces
esquizoanalítica.
JLM: Conozco su alusión al trabajo de Beckett.
Usted
lo califica de saber esquizofrénico. Ahora bien,
ese
saber esquizofrénico, ¿se manifiesta o no en la
obra?
¿es consciente o inconsciente?
FG: Es inconsciente si se tiene una
concepción
maquínica del inconsciente, en el sentido de una
inmersión poética, que yo llamo caosmética, algo
que
tú practicas constantemente en tus textos.
JLM: Más que en mis textos, lo practico en
mis
papeles y en mis encuentros, en mis cosas.
FG: Es posible percutir sobre una máquina
abstracta
que esté fuera de la singularidad de la situación y
que
exprese una problemática. Es lo que hace, por
ejemplo,
Kafka, a quien he estudiado mucho, el cual con
problemas personales neuróticos, decifra la
subjetividad
burocrática fascista, nazi, antes de que esta se
manifieste realmente.
JLM: Ciertamente. La experiencia mía con mi
libro
que usted ya conoce es una experiencia muy
peculiar.
Yo en esa época estaba en una situación síquica
muy
particular. Es un libro bastante inconsciente, pero
hay,
a la vez, una vigilancia, no sobre la estructura, que
no
me interesa tanto, sino sobre un cierto
funcionamiento.
FG: Permítame hacer una incidencia sobre lo
que
estas diciendo: el funcionamiento tiene una
funcionalidad, que es hacer existir un universo
poético
como experimentación, con un riesgo muy alto de
que ese universo no cristalice.
JLM: La diferencia está que en esa época yo
no
controlaba eso, y ahora yo me autoalieno a
voluntad.
En esa época yo era arrastrado por el libro
mismo.
Ahora creo mucho en la autonomía del lenguaje, y
en
este último trabajo en el que estoy inmerso, he
dejado
de que el libro se autogenere. He ido cumpliendo
una
función de instrumento del lenguaje.
FG: Pero al mismo tiempo, el lenguaje
siempre
proviene del lenguaje.
JLM: En una época me interesaba comprender
los
mecanismos de los que usted habla. Hoy en día me
interesa menos la parte teórica, sino la práctica
específica. Esta conversación no me es fácil
porque,
por un lado no quiero complacer sus expectativas,
aun cuando por otro lado sus sentimientos son muy
abiertos, y eso me coloca en una posición de
querer
llegar a un acuerdo y a lo mejor no es tan
así.
FG: Hay que buscar el máximo disenso.
JLM: Yo mismo me sorprendo, porque tengo
una
gran antipatía por los siquiatras y los
sicoanalistas.
FG: ¡Yo también! Pero cuéntame ¿en qué
estas
trabajando en este momento?
JLM: Se ha producido el encuentro con una
obra
que podría ser interminable, lo cual es muy
riesgoso.
Entonces hay que ejercer la voluntad de establecer
un
corte, cerrar en alguna parte. Ahora, mi mayor
interés
es la disolución absoluta de la autoría, la anonimía,
y
lo ideal, si se puede usar esa palabra, es hacer
un
trabajo, una obra, en la que no me pertenezca
casi
ninguna línea, articulando en un trabajo largo
muchos
fragmentos, pedacitos que se conectan. Es un
trabajo
de Penélope. Le advierto que en una conversación
como esta uno puede tratar de decir cosas que no
son
tampoco las más exactas. Todo es muy inestable,
no
hay juicios muy permanentes; mañana o más rato
puedo estar pensando de distinta manera, lo que
no
está mal. Contemplo la contradicción permanente
en
mi trabajo. En ese sentido me gustaría
preguntarle
cuál es la diferencia fundamental que usted
podría
ver, por ejemplo, entre la obra de Rimbaud y de
Lautréamont, en referencia a la autoría y la
identidad
del autor.
FG: Te contesto remitiéndote a Joyce. ¿Cómo
lo
situarías respecto a esto?
JLM: Si analizas los primeros libros de Joyce,
están
muy alejados del orden y del sistema en relación
con
la disolución a la que él llega en Finnegans
Wake.
Finnegans me interesa más, aunque yo no entienda
nada. Mientras menos comprendo un libro, más me
interesa. Insisto en mi pregunta sobre Rimbaud y
Lautréamont, porque hay siempre un nexo entre el
mito de Rimbaud y la lectura que se hace de él;
la
identidad de Lautréamont casi no existe.
FG: Existe una relación diferencial entre los
Cantos
de Maldoror y la Poesías y en el desgarro entre la
obra
poética de Rimbaud y su errancia por los países
árabes.
JLM: No entiendo.
FG: Tengo la impresión de que en Rimbaud no
hubo
delirio, sino personalidad delirante. Hay que
distinguir
el discurso delirante de la mutación delirante de
la
personalidad, del acto delirante, de la visión
delirante.
JLM: Yo me refiero más que nada al fenómeno
de
la lectura, porque una obra con autor, o con
nombre
-una obra de Félix Guattari, por ejemplo- se lee
de
distinta manera que una obra que no tiene nombre.
Si
usted no viniera con el prestigio que lo precede,
la
conversación sería otra, aunque usted sería casi
el
mismo.
FG: Quizás sería mejor así. Porque, aunque
pueda
sonar pedante o contrapedante, no me siento en
absoluto un intelectual, un escritor.
JLM: Que bueno que intente ser un hombre
común
y corriente.
FG: Eso me resulta muy fácil, porque me
voy
olvidando de todo a medida que pasa el tiempo.
Hay
una especie de tabula rasa permanente.
JLM: Yo he visto que en algunos textos usted
habla
de "yo" y de "persona" ¿Cuál es la diferencia que
hace
entre estas dos palabras?
FG: En primer lugar, no hablo de "yo" sino
de
territorios existenciales que integren el yo, el
cuerpo,
el espacio transicional, el espacio ambiental, la
etnia,
los ancestros; hay una aglomeración no discursiva
que
hace que uno se integre a la existencia a través
de
todo tipo de dimensiones, de intensidades, pero
también que todo se apague, cuando uno duerme o
cuando tiene una crisis de angustia.
JLM: Pienso que nunca se apaga todo.
FG: Nunca se paga todo, pero uno constituye
un
todo, una especie de megalomanía ontológica -"yo
soy todo esto"-, mientras que las personas es
otra
cosa, algo que se juega en relación de poder, de
imagen,
de prestancia. Esto implica toda una escena del
lenguaje, una escena social, que produce
diferencias
entre los sexos, diferencias en la posición, en el
tiempo,
en las clases sociales, etc.
JLM: Esta fragmentación que usted hace del
mundo
en diferentes instancias, ¿en qué medida pesan
sobre
el yo?
FG: No entiendo.
JLM: Es con respecto al yo. Me interesa saber
si
para usted es una cosa continua o fragmentaria y
discontinua también.
FG: Ambas.
JLM: Hay una frase de Bretón que dice que
la
historia de la poesía moderna es la historia de
las
libertades que se han tomado los poetas respecto
del yo.
FG: Ciertamente. En las sociedades
industriales
capitalísticas que han perdido la polisemia de la
expresión, el yo tiene que ir siempre pegado a
las
personas. Hay una responsabilidad de la persona.
Hay
una puesta en cuerpo social de la persona,
mientras
que el poeta introduce lo que yo llamo una
heterogénesis.
JLM: Y esa es su función fundamental.
FG: Yo diría que casi es una función
militante.
JLM: Así entiendo mi trabajo e intento
socavar
lingüísticamente esa estructura vertical, porque
por
ahí se puede perfectamente llegar a Dios.
FG: ¿Tiene una formación científica?
JLM: Leo libros científicos, pero de manera
muy
fragmentaria. Son pocos los libros que leo de
principio
a fin. No me interesa esa lectura. Soy un lector
y
autor fragmentario y mi guia es el deseo de mi
propia
autosatisfacción.
FG: Y es por eso que rompes los metros en
pedazos...
JLM: Si, las medidas estables, por supuesto. En
las
conversaciones intento introducir el punto de
vista
contradictorio.
FG: Eso es muy importante. Pienso que, al
igual
que la sociedad protectora de los caballos, habría
que
hacer una sociedad protectora de la
contradicción.
JLM: Recuerdo un pensamiento de Jean
Tardieu
que dice, "abrazaría devotamente en mis
pensamientos
dos términos contradictorios. Admitiría que, al
mismo
tiempo y bajo La misma categoría, una cosa puede
ser
y al mismo tiempo no ser".
FG: Tengo mi pequeña teoría sobre la cuestión de
la
contradicción. Pienso que precisamente cuando se
afirman paradojas -y recordemos aquí que La
primera
paradoja de nuestra cultura es la resurrección de
Cristo,
en el sentido de que es imposible luego es verdad-
lo
que se busca ahí es una salida de la función
significativa
y comunicativa del lenguaje para despejar su
función
existencial, función de posicionalidad de universos
de
referencias.
JLM: ¿Con eso usted se manifiesta en contra de
la
contradicción?
FG: No, porque la cuestión es llegar a despejar
lo
que son las cantinelas puras, los ritmos, la música,
de
la lengua, lo que autoposiciona la enunciación.
El
movimiento enunciativo es el que abre la
posibilidad
de transferir un objeto y transformar un valor. En
la
contradicción sucede lo mismo. Tomemos la
contradicción en el negativismo infantil. Se
trata
siempre de afirmar algo, pero no de afirmar lo
contrario
de la contradicción. Se trata de afirmar el derecho a
la
posibilidad existencial en términos de afirnar "yo
estoy
aquí, tú estás ahí y sucede algo entre
nosotros".
JLM: Es una alternativa, pero no es la única.
FG:
Eso espero...
JLM: Yo pensaba que a usted le interesarían más
los
poetas donde hay una predominancia del
significante.
¿Conoce usted a Eric Kalher?
FG: No.
JLM: El dio en Princeton una serie de
conferencias
sobre la desintegración de las formas en las artes
y
establece el ejemplo de los científicos que trabajan
en
el instituto bacteriológico de Maryland. Él dice
que,
por un lado, son ciudadanos ejemplares, muy
buenos
padres, sus impuestos están al día, todo está en
orden
y, por otro lado, son manipuladores de los
elementos
para las guerras bactereológicas. Ellos delegan
la
significación al Pentágono, a los militares, y ellos
se
atienen exclusivamente a la manipulación de los
significantes. La situación de muchos poetas
actuales
es esa, ese divorcio. Ya no se puede ser un poeta en
los
términos que lo fue Eliot, Rilke y en ese sentido
veo
mucho mejora un Ezra Pound, mucho más
irresponsable.
¿Le parece esto correcto con respecto al
predominio
del significante?
FG: Si, salvo que yo no hablaría del
significante.
JLM: ¿De qué entonces?
FG: En términos de máquina. Si se toma a
Ezra
Pound, Celine, Michaux, todos ellos desencadenan
una
máquina que no puede definirse exclusivamente en
términos de significante.
JLM: Eliot decía que una obra tiene tantas
interpretaciones como lectores. Me gustaría
consultarle
si para usted la literatura tiene límites.
FG: No. ¿Cuáles límites?
JLM: Le pongo particularmente el caso de
Samuel
Beckett que conduce el lenguaje a tal estado que
es
muy difícil llevarlo a un grado mayor de
desintegración.
Sus personajes son sin nombre, sin memoria, no se
sabe adonde van...
FG: Sí, pero al mismo tiempo es un
lenguaje
extremadamente elaborado. No es una
descomposición
JLM: Los poetas que uno cree ser los más
inspirados
son los que más se corrigen y más trabajan para
serlo.
¿Qué le parece Borges?
FG: Me sucedió una aventura extraordinaria con
él.
Lo habíamos invitado a París para el centenario de
Kafka.
Pase todo el día con éL Él hizo una presentación de
lo
que pensaba acerca de Kafka en la gran sala del
centro
Beaubourg. Estaba solo arriba del escenario con
su
traductora. Como era ciego, no quería que hubiera
ruido.
Alguien lo estaba filmando en video. Al final fui
hacia
el camarógrafo y le pedí una copia del video y él
me
contestó "¿qué video?" Estaba solo
retransmitiendo
para afuera lo que sucedía adentro, siendo que,
además,
no había nadie afuera. ¡Una verdadera performance
kafkiana!
JLM: ¿Qué incidencia puede tener el fín de
siglo
sobre el sentido del arte? Se piensa que los poetas
son
conscientes cada siglo de que están llegando a un
fínal.
¿Eso incidiría en sus obras? Lautréamont, en uno
de
sus cantos, dice que es uno de los últimos poetas de
su
siglo. En una etapa como esta, ¿sólo es posible
hacer
una obra de síntesis?
FG: Siento que me quieres tender una
trampa.
JLM: ¿Por qué?
FG: Porque me quieres hacer decir tonterías,
(risas)
JLM: Usted lo consigue tan fácilmente
conmigo.
FG: Como intenté decirlo anteriormente, es un
desafio
considerable recrear la posibilidad de la poesía.
Este
desafio sobrepasa ampliamente la literatura y
concierne
todo aquello que tiene relación con la creación. Es
como
si se tratara de reconsiderar la posibilidad de la
creación
ahí donde todas las redundancias se han cerrado sobre
si
mismas y han cerrado al mundo. Lautréamont no es
el
último poeta del siglo XIX, sino el primer poeta del
siglo
XX. El reinventa la posibilidad de la poesía.
JLM: Usted parece tener una gran confianza en
la
poesía y en el lenguaje.
FG: Yo no soy yo, son los niños, los enamorados,
los
locos, todos aquellos para quienes la poesía es como
el
aire que se respira.
JLM: Pienso que el arte que proviene en general
del
romanticismo alemán, del surrealismo está
terminado
porque el sujeto está terminado. Las identidades
tan
nítidas -usted, Félix Guattari, yo, Juan Luis
Martínez-
están terminadas, en cuanto al arte.
FG: Totalmente de acuerdo.
JLM: Picasso, en una retrospectiva casi total de
su
obra en los años 70, muestra una destrucción
incesante
de sus propias formas y destrucciones. Sin embargo,
la
obra de Duchamp, por ejemplo no hace esa
desintegración, es una obra más permanente. ¿No
cree
usted que la destrucción incesante de las formas
le
pone un termino al arte mismo? Porque hay cuadros
que Picasso reelaboró y volvió a intervenir hasta
hacer
de ellos un sin sentido.
FG: ¿Pero no piensas tu que el arte en su
esencia
no tiene nada que ver con la historia del arte, en
el
sentido de que no hay comienzo ni fin?
JLM: Es algo que los propios artistas olvidan. A
mí
me cuesta mucho disociarme de esa idea, por lo
menos
en lo que respecta a la historia del arte
contemporáneo.
Estoy pendiente de lo que se ha hecho y de las
posibilidades extremas, sin hacer un esfuerzo por
llegar
a ellas, solo contemplándolas.
FG: Porque la obra de Duchamp no es una
destrucción que ponga un término. Para mí es un
movimiento de caosmosis. Pero el caos no es en
absoluto el desorden, la catástrofe, el fin. Es
una
manera de realimentar la complejidad y refundarla
en
el mismo movimiento en que se produce esa
abolición
caósmica.
JLM: ¿Y eso para usted es permanente?
FG: Sí. No tiene nada que ver con el tiempo y
el
espacio.
JLM: No le veo el sentido en hacer de eso
algo
permanente.
FG: Yo tampoco. ¿A qué te refieres?
JLM: Se vuelve como una especie de
repetición
mecánica para cada generación.
FG: Los elementos de la caosmosis cambian
de
generación en generación. No es lo mismo
aprehender
hoy el sentido existencial de una imagen con la
informática, la telemática, que en la época de
Leonardo
da Vinci.
JLM: ¿O sea que las posibilidades expresivas
del
hombre son infinitas?
FG: No es que sean infinitas, pero es una
hazaña
incesantemente renovada. En la época de Pierre
Loti
había todo un misterio en torno al viaje; todo eso
se
acabó. ¿Acaso no se puede reinventar el viaje? El
mismo
problema se plantea en la poesía, en la música,
el
teatro, la plástica.
JLM: Hay un poema de Baudelaire que se
llama
Invitación al Viaje y un texto de George Santayana
sobre
la filosofía del viaje, pero en síntesis son la
misma
cosa. Todo cambia en apariencia, pero los
descubrimientos que podrían ser nuevos son casi
informulables.
FG: ¿Quieres decir que sólo cambia la apariencia
y
que la esencia permanece?
JLM: Son textos sobre una misma cosa. Al leer
uno
se vuelve innecesario leer al otro. Leer a un
poeta
basta para no leer a quinientos otros poetas.
FG: Siempre que eso funcione, porque si no hay
que
buscar otra cosa.
JLM: ¿Y cómo saber cuándo funciona?
FG: Dios nos avisa por teléfono.
(Risas)
JLM: A ese respecto hay un verso de
Ginsberg
escrito en una época en que estaba muy paranoico
en el que dice que los teléfonos se llaman a sí
mismos.
(Risas) Algo que cuido mucho en mi obra es no
caer
en un lenguaje privado. Pienso que el gran
problema
artístico es la objetivación de la
subjetividad.
FG: Es una de las tantas vías
posibles.
este texto fue extraído del libro "el devenir de la subjetividad" de félix guattari
y posteriormente trasladado al html por felipox para proyecto espora del dispositivo maravilloso